Matria, de Raquel Lanseros: hondura y compromiso

¿Quién es el ser humano más libre de la Tierra?, se pregunta Raquel Lanseros en el primer verso de su poemario Matria. Nos interpela a todos. En su interrogatorio inicial, como una letanía, termina con una pregunta retórica: ¿Quién puede competir con la imaginación?

Lanseros transita por tierras hechas de tiempo. Sus versos se ajustan a una idea lírica general, son parte de un todo, componen un paisaje vasto y telúrico, en el que arraigan. Hay una memoria siempre presente en el libro, que se declara, por ejemplo, en Epifanía en la boca:

Ya no he vuelto a olvidar
quién soy
de dónde vengo.

El paisaje es el de una europa en minúscula, que desmembra y parte incluso las palabras, sueño falaz y doliente. El paisaje es también el de España y su memoria, por donde respiran influencias de Cernuda (en Morena y clara) o de Celaya (en Guerra con G de genocidio). Un paisaje que alcanza latitudes americanas (Los poetas de América Latina) y en el que se dejan oír Vallejo, Neruda o Guillén.

Lanseros demuestra que domina múltiples expresiones, de los juegos vanguardistas de europa pasa a las estrofas con rima consonante de Fuego mutilado. Consigue ese más difícil todavía de la coloquial hondura, narrativa, como en el precioso poema Dentro de hace cuatrocientos años, o en el algo bukowskiano Cuatro dedos.

Matria (Visor, 2019), le ha valido a Raquel Lanseros el Premio Nacional de la Crítica. No es para menos. Los cuarenta y cinco poemas del libro aúnan hondura y compromiso. Es una obra que perdurará.