El cuervo de Carver vino a decir algo

Hoy vino el cuervo de Carver que era solo un cuervo a posarse en nuestra ventana. Y fue extraño, porque nos miró y contradijo a Raymond, con mucho pesar. El cuervo reconoció que era el cuervo de Hughes, y el de Galway, el de Frost, el de Pasternak, el de Lorca. Y que hace mucho fue también el de Homero, saciado de sangre tras la batalla.

Raymond se equivocó, nos dijo, más o menos como la paloma de Alberti.