Autobús de Fermoselle, de Maribel Andrés Llamero: palabras y lugares olvidados

La esteva es una pieza del arado, sobre la cual lleva la mano quien ara. La tolva es una caja en forma de cono invertido, abierta por su parte inferior, por donde pasan los granos que serán molidos, triturados o limpiados. Una tolvanera, sin embargo, es un remolino de polvo. La cencellada es un sinónimo de rocío o escarcha. La jara es una planta, un arbusto que dicen siempre verde, propio del centro y mediodía de España. Pero la jara, también, significa verano. Eso es la jara en el poemario Autobús de Fermoselle, de Maribel Andrés Llamero.

A Maribel Andrés Llamero hay que agradecerle varias cosas después de leer sus poemas. En primer lugar, ciertas palabras, tan hermosas como olvidadas: esteva, tolva, cencellada, y otras tantas. Y luego los paisajes, los retratos, las costumbres. El pueblo, en la más amplia extensión de la palabra.

Autobús de Fermoselle —merecedor del XXXIV Premio de poesía Hiperión, ex aequo con Los días hábiles de Carlos Catena Cózar— habla con fuerza inusitada de los grandes temas y los coloca donde alcanzan su mayor relevancia, en el corazón mismo de la tierra y sus trabajadores.

Habla del tiempo con memoria, hacia los orígenes. El poema Origen y linaje dice:

Estas mujeres son la memoria
de una vida que no existe
en los mapas del gobierno.

Habla del esfuerzo y de una sociedad, de un tiempo. En De los yugos, se lee:

todo lo que no es silencio, hija,
acaba por ser aullido.

Y habla del amor, no encerrado en una urna, sino puesto en la verdad del mundo, como en Aperos de labranza, cuando escribe:

Querría saber si entonces los hijos
eran parte de la siembra del amor austero.

A Maribel Andrés Llamero le valen pocos versos para estremecer. En Puesta de sol, cinco versos sobre los campos de Castilla, cinco versos desoladores sobre una tierra viva herida de muerte, poblada de cruces y cipreses, “un mundo ya todo horizontal”.

Sus versos tienen la fuerza del mundo que los inspira, de sus gentes, y la profunda comprensión de lo que les rodea. En Esto es Castilla —casi el lema del libro— cierra con una sentencia imponente en la que el yo poético es todo el universo:

Nuestra es la luz del mediodía,
solo ella espantará todas mis sombras.

Esto es Castilla. Y esto es poesía. Palabras y lugares olvidados.